Primera escala... comenzó el viaje

Listo. Aquí comienzo este viaje, una pequeña locura que surgió una noche de insomnio. Estoy por cumplir un año viviendo el Sur, en la República Argentina, entre porteños. Así que empecé a buscar una manera de expresar ciertas cosas que he logrado analizar durante mi estadía en estas tierras.
Para comenzar, hablemos de similitudes. Pensé que extrañaría a mi país al estar tan lejos, pero algunas cosas me hicieron sentir -infortunadamente- como en casa. Y es que lamentablemente Venezuela y Argentina guardan en común aspectos un tanto desagradables. Primero, la inseguridad, puntualmente el desempeño de los funcionarios policiales al momento de investigar -y pretender resolver- un crimen, un delito. Hace poco terminé de leer "Al calor del verano", de John Katzenbach, una historia que relata la persecución de un asesino serial, conducida por un periodista. Mientras lo leía, me preguntaba frecuentemente: ¿será que los homicidios en Venezuela y Argentina son más complicados que los estadounidenses?, o ¿los delincuentes del norte son más estúpidos que los suramericanos?    Ni lo uno ni lo otro. Resulta que, si bien todo es una novela y la ficción ayuda al trabajo policial, el uso de la lógica y la puesta en práctica de los más básicos conocimientos en criminalística suelen ser suficiente recurso para resolver ciertos actos delictivos. Ironía, sí. Sarcasmo, también. Pero lo que digo no es más que el pensamiento colectivo, quizás visto con otro lente. Al parecer, nos queda a los periodistas la labor de dar con los culpables de tantas violaciones a la justicia. Nuestro trabajo no es atrapar ladrones o asesinos; nuestra tarea es actuar como una herramienta social, un elemento que ayude a las autoridades a desenredar un poco el caos.
Sin embargo es así como, y siento pena al escribirlo, ambos países comparten este mal común: la incapacidad policial, o lo que es peor el espaldarazo total y consciente a la justicia; el apretón de manos a la impunidad.
Cuando llegué a Buenos Aires, me sentí "segura". No había sesenta muertes violentas cada fin de semana. Luego, y a pesar de que afortunadamente esa cifra no ha cambiado, comencé a sentir miedo otra vez. Ese miedo que en Caracas me obligaba a llegar temprano a mi casa. Y así descubrí que la tan-nombrada sensación de inseguridad era producto del temor a la ineptitud de las personas encargadas de resguardar esa misma seguridad. Me sentí de nuevo en el Caribe. El drama continúa; siguen los muertos al pie del Ávila, siguen las injusticias a orillas del Río de la Plata. Y todo conduce al mismo camino.

Comentarios

  1. nenaaa! me alegra leerte! publica a menudo si? te mando besos y abrazos :) Day

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  2. Cuñis linda! Gracias!!!! Trataré...era una necesidad! Un beso para ti también, y otro grandote para mi Bro y los nenes!!!

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